Se publica el Cuaderno de Divulgación de la Cultura Democrática No.50: “Democracia, democratización y liberalización: ciclos de expansión y reversión a nivel global” de Héctor Antonio Sánchez Olmedo.

Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática forma parte de la colección editorial del Instituto Nacional Electoral en México, cuya finalidad es poner a disposición de la ciudadanía, académicos, estudiantes y funcionarios públicos obras de carácter divulgativo que permitan una mayor comprensión de la democracia y los asuntos públicos.
El pasado 14 de julio de 2026 fue publicado el Cuaderno No. 50, titulado Democracia, democratización y liberalización: ciclos de expansión, de Héctor Antonio Sánchez Olmedo. La obra se organiza en tres movimientos.
El primero describe una genealogía histórico-conceptual del carácter cíclico de la democracia: desde su expresión maximalista en la antigua Atenas como democracia directa, pasando por su tránsito a la época medieval —donde se contrajo y solo pervivió en modelos de organización política dentro de la Iglesia y las universidades—, hasta su apogeo durante la Ilustración, impulsada por las ideas liberales que propugnaban la igualdad de derechos y la representatividad. El recorrido culmina con su expansión en la época moderna como forma de gobierno predominante en Occidente y con las nuevas expresiones que la democracia está adquiriendo a partir de la tecnificación de la vida política, la inteligencia artificial y la construcción de una arquitectura electoral basada en algoritmos.
El segundo movimiento estudia los procesos de liberalización política en el siglo XXI como estrategia de contención y simulación de regímenes democráticos. Los casos analizados incluyen Nicaragua —con reformas electorales simuladas desde 2021—, Hungría —con el legalismo autoritario de Orbán, que erosiona los contrapesos institucionales sin romper la fachada legal—, Túnez durante la Primavera Árabe —con una apertura controlada de los medios de comunicación— y los Emiratos Árabes Unidos —con una apertura económica deliberadamente desacoplada del ámbito político—. Estos procesos se diferencian de los del siglo XX por la tecnificación de sus estructuras: la adopción de la inteligencia artificial para el monitoreo de las oposiciones y la construcción de algoritmos orientados a moldear opiniones políticas o generar tendencias de forma deliberada. Hoy, los regímenes autoritarios transitan de la confrontación militar hacia algo más sutil: la simulación democrática.
El tercero analiza procesos de democratización efectiva o parcial. Entre los casos destaca Malawi, que vivió la anulación judicial de la elección presidencial de 2019 y el posterior triunfo del candidato opositor en 2020, regenerando el tejido democrático; Eslovaquia, donde las protestas de 2018 derivaron en la destitución del Primer Ministro acusado de corrupción y en la reconfiguración de la representatividad en el Poder Legislativo; y Guatemala, caso de alternancia electoral dentro de un sistema cooptado por élites políticas y económicas. Estos ejemplos ofrecen al lector un espectro de condiciones políticas y regiones del planeta que atraviesan procesos distintos pero convergentes, con el objetivo de analizar cómo la democracia en el siglo XXI se encuentra bajo asedio constante y cómo el desmantelamiento de las instituciones es perpetrado desde el propio Estado a través de marcos legales y reformas regresivas.
En cuanto a la tecnología, la inteligencia artificial se revela como una herramienta ambivalente: en Taiwán impulsa la deliberación ciudadana masiva mediante Pol.is (plataformas vTaiwan y Join), pero en otros contextos habilita la hipervigilancia política y la simulación algorítmica de la participación —consultas aparentemente abiertas que en realidad fabrican consenso—. El blockchain recibe un tratamiento igualmente matizado, con los ejemplos de Estonia (e-Residency y ciudadanía digital desterritorializada) y Sierra Leona (auditoría electoral mediante cadenas de bloques). El autor suma las DAO como laboratorios de gobernanza sin autoridad central y propone una democracia intergeneracional que incorpore como sujetos de derecho a quienes aún no han nacido, frente a decisiones de largo plazo como el cambio climático.
El mayor aporte conceptual de la obra reside en la tesis de que el estancamiento democrático rara vez ocurre por ruptura violenta, sino por erosión institucional gradual y legal. La misma tecnología que promete profundizar la participación puede, en otras manos, servir para simularla. La ciudadanía, en este marco, es agente político, no espectadora.



