Opinión

Entre el voto y la representación: las mujeres son mayoría del padrón, pero pocas buscan gobernar

La subrepresentación femenina en Colombia en las candidaturas de mayor jerarquía contrasta con la mayoría que constituyen las mujeres dentro del padrón electoral, por arriba del 51%, además de registrar históricamente una mayor participación en las urnas que los hombres. En las elecciones presidenciales de mayo de 2026, solo tres de las 13 fórmulas participantes estuvieron encabezadas por mujeres, muestra de la profunda brecha en el acceso al poder ejecutivo.

Romina Paola Santander Valgañón

El avance de la mujer en la política pasó de la exclusión total en la vida pública al reclamo de derechos. Desde el siglo XIX, e incluso antes, se viene consolidando una evolución, que comenzó con la búsqueda del voto femenino a nivel global, y continuó con las conquistas de derechos políticos, que permitieron a la mujer tener una participación más activa dentro del escenario político. Sin embargo, hoy, en pleno siglo XXI, el desafío se centra en la búsqueda de un reparto del poder equitativo y paritario en todos los ámbitos.

De ese escenario global, Colombia no es ajeno, ya que pese a la búsqueda permanente de los movimientos de mujeres por lograr la paridad, actualmente persisten numerosas barreras estructurales y continúan desafíos a resolver como: la violencia política, la falta de financiación equitativa en las campañas, la sobrecarga de cuidados no remunerados, entre otros, que hacen lento el avance hacia una paridad efectiva en las listas y cargos electivos. 

Este último punto se vio reflejado en las listas de candidatos y candidatas que conformaron el tarjetón en las elecciones presidenciales de mayo de 2026 (primera vuelta), y que los votantes colombianos y colombianas encontraron en las mesas de votación. El listado de candidaturas estuvo integrado por 13 fórmulas a presidente y vicepresidente de la República, de ellas, sólo tres estuvieron encabezadas por mujeres. 

(Gráfico 1)

Esto pone en evidencia una marcada subrepresentación femenina en la contienda electoral y contrasta con el predominio de candidaturas lideradas por hombres. No debe dejar de mencionarse que, en un principio eran 14 listas, y cuatro las mujeres que encabezaban las fórmulas presidenciales. Sin embargo, una de ellas bajó su postulación como parte de un acuerdo electoral, para acompañar la candidatura de uno de los competidores masculinos.

Mayoría de votantes mujeres

 Para poder analizar la propuesta electoral desde una perspectiva de género, primero es necesario conocer algunas características demográficas del electorado colombiano. Según datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil, para las elecciones presidenciales de 2026 (primera vuelta) fueron habilitadas para ejercer su derecho al voto, tanto en territorio colombiano como en el exterior, un total de 41.421.973 de personas. De ese universo, 21.298.492 correspondieron a mujeres y 20.123.481 a hombres, quienes pudieron sufragar en 122.016 mesas distribuidas en 13.742 puestos de votación. En términos porcentuales, las mujeres representaron el 51,41 por ciento del electorado habilitado, constituyéndose en la mayoría del padrón electoral, mientras que los hombres alcanzaron el 48,59% del total.

(Gráfico 2) 

Asimismo, es necesario señalar que en el territorio colombiano fueron habilitados para emitir su sufragio 40.007.312 ciudadanos y ciudadanas de los cuales 20.521.149 eran mujeres y 19.486.163 hombres, en términos porcentuales el género femenino representó el 51,30 por ciento del padrón, mientras que los hombres el 48,7. Finalmente, en el exterior, 1.414.661 de personas podían emitir su sufragio, de los cuales 777.343 eran mujeres, el 55 por ciento y 637.318 hombres, el 45 por ciento.

A partir de los datos expuestos, Alape Gámez (2026) desarrolló un interesante análisis sobre el peso demográfico y electoral de las mujeres en Colombia, destacando la relevancia de este sector de la población:

Si el electorado femenino fuera un partido político, sería el más grande de Colombia. En Colombia, las mujeres son mayoría del electorado y votan con más disciplina que los hombres. Ningún candidato puede ganar contra la mayoría. Sin embargo, la política colombiana sigue actuando como si este hecho fuera secundario.

Además, la investigadora en Asuntos Públicos y Análisis Económico, destacó que las colombianas no sólo componen en mayor medida el padrón electoral, sino que históricamente son quienes más ejercen su derecho al voto:

Según el informe oficial de la Registraduría Nacional y ONU Mujeres sobre las elecciones de 2022, las mujeres ejercieron su derecho al voto en mayor proporción que los hombres, con una participación de 59,7% frente al 52,8% masculino. Esto significa que entre quienes sí votaron ese día, las mujeres representaron el 53% del total. Es decir, la mayoría del electorado activo.

Ante este panorama, resulta necesario notar la profunda brecha que persiste entre el peso electoral de las mujeres y su efectiva representación política. Paradójicamente, su predominio demográfico dentro del electorado no solo no se refleja en una participación equitativa en los espacios de decisión, sino que tampoco logró traducirse en el triunfo de candidaturas femeninas para la máxima magistratura.

Las mujeres en las candidaturas

Como se informó en los primeros párrafos de este análisis, el tarjetón de la primera vuelta de las Elecciones Presidenciales de Colombia 2026, estuvo compuesta por 13 fórmulas a presidente-vicepresidente, de las cuales sólo tres estuvieron encabezadas por mujeres. Es decir que, del total de duplas electorales el 23 por ciento estuvo liderada por el género femenino, mientras que el 77 por ciento por el género masculino. 

(Gráfico 3)

No obstante, la representación de las mujeres es mayor cuando se observan las candidaturas a la vicepresidencia. De las 13 fórmulas presidenciales participantes, seis estuvieron integradas por mujeres en el segundo lugar del binomio electoral (46 por ciento), mientras que siete llevaron a hombres como candidatos a vicepresidente (54 por ciento).

(Grafico 4)

La participación femenina adquiere mayor relevancia al observar la composición integral de las fórmulas presidenciales. De los 13 binomios electorales, nueve incluyeron a una mujer en alguno de sus cargos, presidencia o vicepresidencia, alcanzando el 69 por ciento del total. Por su parte, solo cuatro fórmulas estuvieron conformadas íntegramente por hombres, representando el 31 por ciento.

(GRAFICO 5)

A partir de los datos analizados, puede afirmarse que la participación femenina en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia del presente año mostró avances significativos respecto de los comicios de 2022. Ese año, solo tres de las seis fórmulas presidenciales incluyeron mujeres y todas ocuparon candidaturas a la vicepresidencia, sin que ninguna aspirara a la Presidencia. Por ello, es importante destacar que este año se registró una mayor presencia de mujeres en los cargos de mayor jerarquía dentro de las fórmulas presidenciales. 

En ese contexto, es importante rememorar el informe realizado por el Observatorio de Género de la Misión de Observación Electoral (2021), donde detallaron que:

Las candidaturas de mujeres a la presidencia han sido pocas a lo largo de la historia y en 2018 se presentó el fenómeno de las mujeres como fórmulas vicepresidenciales en la mayoría de las candidaturas, pero no como candidatas presidenciales, distinto a las contiendas de 2002, 2010 y 2014 donde había como mínimo una candidata mujer a la presidencia.

Asimismo, las autoras explicaron la evolución de la participación femenina en las contiendas presidenciales colombianas entre 1957 y 2018, destacando las persistentes brechas de género en el acceso a los cargos de mayor representación política. En ese sentido, señalaron que:

“Desde 1957, cuando se aprobó el voto femenino, solo han existido nueve candidaturas de mujeres a la Presidencia de la República. La primera candidata presidencial fue María Eugenia Rojas en 1974. Por otra parte, únicamente 13 mujeres han sido candidatas a la Vicepresidencia. Es importante resaltar que el fenómeno de la mujer como fórmula vicepresidencial es reciente y se profundizó en 2018, cuando ninguna mujer fue candidata a la Presidencia, pero cuatro de las cinco fórmulas vicepresidenciales estuvieron integradas por mujeres.”

Estos antecedentes permiten advertir que, las elecciones presidenciales de Colombia de 2026 evidencian avances significativos en la participación de las mujeres dentro de las fórmulas presidenciales. Aunque solo tres de los 13 binomios estuvieron encabezados por candidatas a la Presidencia, la presencia femenina alcanzó una representación más amplia al considerar las candidaturas a la Vicepresidencia y la integración general de las fórmulas electorales. En efecto, nueve de los trece binomios incluyeron al menos una mujer en alguno de sus cargos, lo que demuestra una mayor incorporación de liderazgos femeninos en la competencia electoral.

No obstante, los datos también revelan que persisten importantes desafíos en materia de igualdad política. A pesar de que las mujeres constituyen una parte fundamental del electorado colombiano y fueron incrementando su presencia en las candidaturas, continúan subrepresentadas en los cargos de mayor jerarquía dentro de la contienda presidencial. Los antecedentes históricos muestran que las postulaciones femeninas a la Presidencia fueron escasas desde la aprobación del voto femenino, lo que evidencia la persistencia de barreras estructurales para el acceso de las mujeres a los máximos espacios de poder político.

Por lo tanto, si bien las elecciones de 2026 reflejaron una tendencia positiva hacia una mayor inclusión de las mujeres en las fórmulas presidenciales, los resultados también ponen de manifiesto la necesidad de profundizar las acciones orientadas a garantizar una representación más equitativa en las candidaturas al Poder Ejecutivo. El fortalecimiento de la participación política de las mujeres no solo constituye un principio de igualdad democrática, sino también una condición indispensable para lograr instituciones más representativas y acordes con la composición real de la sociedad colombiana. Al respecto, en la investigación de Angélica María Lesmes denominada “Participación de la mujer en el escenario político colombiano”, se consideró que:

El empoderamiento de las mujeres y su participación activa en la política y en la sociedad, son de vital importancia para la equidad de género y la participación política de la mujer. En la medida que aumente el liderazgo femenino, que se visibilice en el espacio público y se materialice en la paridad de género en los espacios políticos y de elección popular, aumentará también la diversidad de los liderazgos distintos y alternativos al patrón tradicionalmente masculino y por consiguiente, la adhesión y transformación de la sociedad colombiana hacia espacios más incluyentes y democráticos.

Obstáculos para las postulaciones 

Más allá del crecimiento registrado en las postulaciones femeninas a lo largo de las distintas contiendas electorales en Colombia, la paridad de género continúa siendo una meta pendiente y un desafío para el sistema político. Si bien se observan avances en la incorporación de mujeres a las candidaturas presidenciales, persisten múltiples barreras estructurales, culturales e institucionales que limitan su acceso a los espacios de poder y toma de decisiones. En este contexto, las mujeres colombianas deben enfrentar obstáculos que no afectan con la misma intensidad a los hombres, quienes históricamente contaron con mayores oportunidades y facilidades para acceder a las candidaturas y desarrollar carreras políticas.

Al respecto, un informe realizado en conjunto por diferentes instituciones, liderado por ONU Mujeres Colombia en alianza con la Registraduría Nacional del Estado Civil y la Embajada de Suecia, señaló que:

Respecto de los desafíos que enfrentan las mujeres para su participación política y en específico para acceder a las postulaciones, los partidos políticos –dependiendo de su voluntad y estrategias para promover una participación política en condiciones de igualdad– pueden constituir un estímulo o una barrera institucional para el avance de los liderazgos de las mujeres.

Esta afirmación encuentra sustento en los resultados obtenidos por el mismo estudio respecto de la percepción de las candidatas sobre el acompañamiento partidario durante las campañas electorales. En ese sentido, la investigación reveló que:

Consultadas sobre el apoyo de los partidos políticos durante el proceso electoral –en una escala del 1 al 10–, menos de la mitad (43,4 %) opinó que el apoyo recibido era por lo menos aceptable (rango de 6 a 10) y el 19,5 % lo calificó con la nota más baja (1). En promedio, la calificación asignada por las candidatas fue de 5.2.

En relación con el papel que desempeñan los partidos políticos en la promoción o limitación de la participación de las mujeres en la vida política, la investigadora Angélica María Lesmes sostuvo que:

La participación de la mujer en el escenario político, ha venido respondiendo a estructuras tradicionales de poder y representación, ejercidas y creadas por hombres, donde el límite de la participación de la mujer en dichos espacios, se orientaba a la participación indirecta de las mujeres enmarcada en cacicazgos políticos o sujeta a aparecer en los diferentes escenarios, dependiendo de las directrices de los partidos basadas en mantener la estructura política ya establecida. Esta sujeción, no garantiza la participación real y autónoma de la mujer en el escenario político.

Pero, además de los obstáculos institucionales, existen barreras estructurales de desigualdad, que ponen límites a las mujeres al momento de participar en la vida política, por ejemplo, la desigualdad económica, la carga de los cuidados del hogar, y la violencia política, son algunas de ellas. Al respecto, la investigadora Lesmes, manifestó:

… las barreras estructurales establecidas por la normatividad e institucionalidad actual, que si bien ha logrado avanzar en la participación política de la mujer, aún tiene retos fundamentales en lograr la paridad, la alternancia y la universalidad. Además de una serie de obstáculos estructurales identificados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que contribuyen a la ausencia y poca presencia de las mujeres en los distintos ámbitos de la vida pública, tales como las desventajas socioeconómicas, como el acceso limitado de las mujeres al financiamiento para las campañas y candidaturas en los partidos políticos y en la contienda a cargos públicos; el mayor desconocimiento de las mujeres de sus derechos políticos, especialmente en áreas rurales y marginadas; y distintas formas de violencia que impiden y anulan el ejercicio de todos los derechos de las mujeres, incluyendo su derecho de incursionar en la política, y su derecho al voto (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 2011, pág. 10).

En ese contexto, particular atención debemos otorgarle a la violencia política que sufren las mujeres, y que hace referencia a cualquier acción, conducta u omisión, basada en el género, que busca restringir, obstaculizar o impedir el ejercicio de los derechos políticos y electorales de las mujeres.

En relación a dicha problemática, el estudio 3000 voces por la democracia: Experiencias de candidatas en Colombia para erradicar la violencia contra las mujeres en política, reveló que durante los procesos electorales en Colombia, las candidatas vivieron diferentes tipos de violencia a la vez, según las encuestas que llevaron adelante, el 72,4 por ciento padeció violencia psicológica durante la campaña, recibiendo comentarios despectivos sobre el rol y las capacidades de las candidatas para ejercer cargos y liderazgo político por su “condición de mujer”; el 40,6 por ciento, fue víctima de violencia económica; el 25,4 fue víctima de una o más situaciones de violencia sexual “al recibir comentarios o sugerencias sexuales, solicitudes de favores sexuales a cambio de apoyo político, financiero o de otro tipo para las elecciones o ser objeto de acciones sexualmente explícitas no deseadas como tocar, abrazar o ser besadas en contra de su voluntad”, y finalmente, el 4,6 por ciento informó ser víctima de violencia física.. 

Asimismo, el informe puso de manifiesto que la violencia política no afecta de manera homogénea a todas las candidatas, sino que adquiere características diferenciadas según factores como la pertenencia étnico-racial, la edad, la orientación sexual, la situación de discapacidad o el nivel educativo. En este sentido, las autoras destacaron que:

En todos estos tipos de violencias, las candidatas más afectadas fueron las que pertenecían a comunidades NARP, quienes estaban en situación de discapacidad, mujeres lesbianas o aquellas en etapa de adultez y vejez o con mayor nivel educativo. Ello confirma que la violencia política que enfrentan las mujeres no se produce en el vacío, sino que se entrecruza con otros ejes de desigualdad que profundizan la discriminación y aumentan la exposición a agresiones. (P.20)

Resulta relevante señalar que las candidatas fueron objeto de distintas manifestaciones de violencia durante todas las etapas del proceso electoral. Según los datos relevados, estas conductas fueron perpetradas mayoritariamente por hombres vinculados a sus propios partidos políticos y, en menor proporción, por miembros de sus familias, lo que evidencia que los obstáculos para la participación política de las mujeres pueden originarse tanto en el ámbito partidario como en el entorno personal. Además, la encuesta reveló que el 46,1 por ciento de las mujeres que sufrieron algún tipo de violencia en política durante la campaña de 2023, no se volverían a presentar en próximas elecciones:

El estudio muestra que sufrir violencia en el ámbito político tiene impactos reales en términos individuales en las mujeres principalmente en su salud mental o emocional y la de sus familias. Y, sobre todo, en consonancia con otros estudios, tiene un efecto disuasivo y/o de expulsión de la esfera pública y el ejercicio de sus derechos políticos.

En conclusión, aunque Colombia logró avances significativos, que se vieron reflejados en la participación de la mujer en las fórmulas presidenciales de las elecciones del pasado 31 de mayo, la paridad de género es una meta que aun no se alcanzó, pero que muchas organizaciones anhelan lograr. Por lo tanto, avanzar hacia una democracia verdaderamente inclusiva requiere no solo incrementar el número de mujeres candidatas, sino también transformar las condiciones que limitan su participación.

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