Boleta Única de Papel: Un paso hacia la transparencia electoral en América Latina y su impacto en la participación en Argentina

Triana Lovrinchevich Covi
A lo largo de los años vivimos distintas elecciones para definir a quienes nos gobernarán en el futuro, los sistemas electorales en LATAM han enfrentado críticas respecto a su capacidad de generar transparencia y confianza electoral, estamos acostumbrados a que los partidos políticos sean los que verdaderamente se benefician por el sistema de votación conocido como “listas sábanas” impidiéndole al electorado tener autonomía sobre su voto, recibiendo una boleta predefinida sin posibilidad de modificar la lista o votar por diferentes partidos en la misma categoría, aunque eso se parecería más a lo que se define como lista abierta, una forma en donde uno puede cruzar su voto entre distintas fuerzas políticas en una misma seccion o hasta voto preferencial, personalizando aún más el voto del pueblo. Son formas que si se aplican en algunos países como Brasil, Ecuador, Perú pero en Argentina la posibilidad de aplicar estas formas es inexistente. Debido a que recientemente se adhirió a la boleta única papel para las elecciones legislativas 2025, siendo esta propuesta una posibilidad para mejorar y alcanzar un mayor nivel de seguridad y confianza en el proceso democratico dentro del país. Entre las posiciones que defendían este cambio se encuentran argumentos como que con este sistema se va a disminuir el clientelismo, fortalecer la confianza ciudadana, ayudar al medioambiente y tener una elección más simple con respecto al tamaño de las boletas usadas anteriormente.
Este artículo analiza la propuesta de Boleta Única de Papel desde una perspectiva comparada, revisando experiencias regionales, aportes teóricos sobre representación política y participación, y evidencia empírica disponible en el caso argentino. Se busca responder a la pregunta: ¿en qué medida la adopción de la Boleta Única de Papel podría fortalecer la transparencia y fomentar una mayor participación electoral en Argentina?
Siguiendo con este enfoque me gustaría profundizar también sobre la baja participación electoral dada por la poca confianza en los procesos democráticos, pareciera que la gente ya no está dispuesta a participar pero debemos preguntarnos ¿por qué? si se supone que todos estamos de acuerdo entre las poblaciones que, al menos en la Argentina, nunca más queremos que vuelva esa etapa en donde otros deciden sobre nuestra vida. Si bien la mayoría de los países cuentan con leyes que “castigan” u obligan a su pueblo a votar pero vemos cómo estas reglas no tuvieron los resultados esperados. Acaso los que realizan las leyes ¿están alejados de la realidad de la ciudadanía?
CIPPEC (2021). La Boleta Única de Papel: propuestas para mejorar la transparencia electoral. Documento de trabajo.
Llego la boleta única de papel a la argentina
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En octubre de 2024 el congreso de la nación sancionó la ley de boleta unica papel (BUP) – 27.781- que modifica el Código Electoral Nacional (Ley 19.945) para reemplazar las tradicionales boletas partidarias por un solo papel impreso por la justicia electoral impidiendo a los partidos la posibilidad de repartir su voto, debido a que es el mismo presidente de cada mesa el que otorga la boleta en la que uno marcará su opción elegida para colocarlo en la urna. Entonces solo las boletas dadas por la justicia electoral serán válidas. El estilo, la confección de la boleta aprobada es similar a la que se utiliza en las elecciones en Mendoza teniendo en su columna a los partidos y en las filas los cargos. Se elimina la posibilidad de votar la lista completa, en este caso si hay 2 categorías a elegir habrá que marcar 2 veces en su fila correspondiente.
El voto en blanco será no marcar ningún casillero. Con respecto a cómo marcar no hay ningún signo predeterminado solo es necesario que se entienda a la hora del recuento de votos.
Ahora este sistema ya se usa en algunas provincias del país, tal es el caso de Córdoba que tiene diferencias con respecto a la Mendocina porque está coloca los cargos en las columnas y los partidos en las filas. Otro caso es el de la provincia de Santa Fe que fue pionera de este sistema con casi 2 décadas de uso pero marcando la diferencia porque utilizan una boleta para cada categoría, dividiendo la urna en la cantidad de categorías a elegir. Y existe un paso más “actualizado” que sería el caso de CABA y Salta con la boleta única electrónica teniendo como respaldo un papel que coincide con lo seleccionado en la pantalla de la máquina.
Dentro de las ventajas que podemos ver en estos sistemas podemos encontrar que va a generar transparencia y equidad porque es el mismo estado el que imprime las boletas de todos los partidos, Evita el robo de boletas o su falta en el cuarto oscuro, que es común en el sistema actual y mejora el acceso de partidos pequeños o sin estructura territorial. Va haber un gran ahorro económico y logístico ya que no se van a imprimir millones de boletas “por las dudas” y lo más importante el recuento de votos va a ser más fácil y rápido, teniendo los resultados antes del horario estipulado hasta el momento.
Ahora considero que somos una sociedad que hace más de 40 años venimos eligiendo de la misma manera entonces va a ser un desafío lograr una educación cívica sólida porque la primera vez va a darse un desconocimiento del sistema especialmente en adultos mayores o personas con baja escolaridad, ya que casi la mitad de la población adulta no terminó la secundaria, siendo esto un problema en caso de que llegan a votar sin habilidades críticas o conocimiento político pleno, lo cual afecta directamente la calidad democrática y la confianza en los procesos electorales.
La BUP en la región
La Boleta Única de Papel (BUP) es un sistema electoral que ha sido adoptado en varios países de América Latina con innovaciones con respecto al espacio del voto y accesibilidad. De todos los países latinoamericanos, Colombia fue la primera en la región en optar en 1991 por boletas por cada cargo, sistema que luego fue perfeccionado dejando al elector elegir igual que otras naciones. En Perú y Bolivia, desde la década de 1990, se adoptaron boletas para cada puesto en la papeleta, lo que permitió una separación clara entre elecciones presidenciales, legislativas y locales. Países como Ecuador y Paraguay utilizaron variantes por categoría, mostrando que el modelo BUP puede adaptarse según las realidades institucionales de cada país. En el caso de México desde los años 90 utiliza distintas variantes de este tipo de boletas organizadas por nivel electoral. Según el informe de IDEA Internacional (2020), la BUP ha demostrado una mejoría en la claridad electoral, aunque su diseño puede complicar el proceso cuando las categorías electorales son numerosas, lo que se traduce en un aumento del tiempo de votación y del riesgo de error del votante. Existen países hermanos como araguay,Uruguay, Brasil y Venezuela que adoptan otras formas. En el caso de Uruguay mantiene su sistema tradicional de boletas partidarias en papel. Aunque no utiliza la BUP, es considerada por analistas “de alta integridad y confianza electoral”. Observadores destacan que no hay consenso para cambiarlo, valorando más la fiabilidad institucional histórica. Brasil y Venezuela en sus elecciones directamente utilizan el voto electrónico que es fuertemente criticado porque no emite ningún respaldo la máquina de que efectivamente se marcó lo que uno indicó a la pantalla. Y en Paraguay se aplica un sistema electoral mixto, combinando votación electrónica con respaldo en papel y selección por lista cerrada en cargos legislativos.
La variedad de sistemas electorales en América Latina refleja contextos políticos, sociales y tecnológicos diversos, que han llevado a cada país a implementar mecanismos adaptados a sus necesidades y desafíos específicos. Argentina, con la reciente Ley 27.781 que establece la Boleta Única de Papel (BUP), se suma a una tendencia regional que busca mayor transparencia, equidad y eficiencia en los procesos electorales.
Países como México, Colombia y Chile han adoptado distintas modalidades de boleta única, ya sea por categoría o en un solo papel, buscando simplificar el acto de votar y facilitar el conteo de votos. Por otro lado, Brasil y Venezuela optaron por sistemas electrónicos, los cuales, a pesar de acelerar los recuentos y reducir costos, han sido objeto de cuestionamientos por parte de sectores de la sociedad civil y la oposición en cuanto a su transparencia y seguridad. En contraste, Uruguay mantiene un sistema tradicional basado en boletas partidarias impresas, que goza de un alto nivel de confianza ciudadana y legitimidad institucional, lo que demuestra que la aceptación social y la transparencia percibida son claves para la confianza electoral.
Este panorama regional evidencia que no existe un modelo único o universalmente ideal. Cada país debe adaptar su sistema electoral a su contexto, teniendo en cuenta factores como la cultura política, el nivel educativo, la infraestructura y la confianza en las instituciones. Para Argentina, la implementación de la BUP representa una oportunidad valiosa para reducir prácticas clientelistas, garantizar mayor equidad en la competencia política y mejorar la accesibilidad del voto. Sin embargo, su éxito dependerá en gran medida de la puesta en marcha de campañas informativas y educativas que permitan a los ciudadanos comprender el nuevo sistema y confiar plenamente en su funcionamiento.
En definitiva, la BUP puede ser un paso importante para fortalecer la democracia argentina, pero debe ser parte de una estrategia más amplia que incluya la transparencia, la educación cívica y la mejora continua del sistema electoral.
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La participación ciudadana cae cada vez más
En América Latina, la relación entre los sistemas electorales y la participación ciudadana ha demostrado ser compleja. No basta con cambiar el formato del voto o el método de votación para que automáticamente más personas acudan a las urnas o confíen en el proceso electoral. La confianza en las instituciones, la transparencia del sistema y la educación electoral juegan un papel fundamental para que la gente realmente sienta que su voto cuenta y que el proceso es justo. Países como Colombia y Ecuador, que han implementado la Boleta Única de Papel en diferentes elecciones, nos muestran ejemplos valiosos. En Colombia, tras adoptar la boleta única en algunas regiones, la mayoría de los votantes reconoció que el sistema era más claro y transparente que el tradicional, pero la tasa de participación no se disparó, permaneciendo en niveles similares a elecciones previas. Entonces esto revela que, si bien la claridad en el sistema es importante, no es suficiente para que quienes están desencantados o alejados de la política vuelvan a votar. En Ecuador, un aumento en los votos nulos durante la primera experiencia con la boleta única evidenció la falta de preparación y comunicación hacia el electorado. Muchos votantes, confundidos por la novedad, no sabían bien cómo marcar la boleta, lo que llevó a que el porcentaje de votos nulos se triplicara. Esto es una señal clara de que la introducción de nuevos sistemas debe ir acompañada de campañas educativas sólidas
que expliquen cómo votar y por qué es importante participar. En Chile, por otro lado, la adopción de boletas únicas por categoría coincidió con una baja en la participación, especialmente en áreas urbanas. Esto muestra que la modernización del sistema no siempre es sinónimo de mayor compromiso electoral. La participación es también un reflejo del vínculo que los ciudadanos tienen con sus representantes y con la política en general, lo cual debe ser fortalecido con políticas de inclusión y transparencia. Un caso notable es Uruguay, que ha mantenido un sistema tradicional con boletas partidarias impresas, pero que disfruta de altos niveles de confianza y participación electoral. Allí, la estabilidad institucional y la legitimidad del proceso son clave para que la gente confíe y vote. Esto reafirma que no se trata solo del formato de la boleta, sino del contexto social e institucional que la sostiene. En el caso de Argentina enfrentará un desafío particular: contando con niveles altos de desconfianza hacia la política y el sistema electoral sumado a la falta de identificación con los partidos políticos, teniendo en cuenta a una participación que, si bien no es baja en términos generales, muestra signos de desgaste en algunos sectores. Viendo en elecciones provinciales la concurrencia a las urnas decae cada vez en mayor cantidad, cuando antes el promedio de personas que van a votar era del 70% hoy bajó 10 puntos aproximadamente. La reciente aprobación de la Ley 27.781 que implementa la Boleta Única de Papel puede ser una herramienta valiosa para mejorar la transparencia, reducir prácticas clientelistas y facilitar el acceso al voto. Pero, como enseñan los casos latinoamericanos, esto no será suficiente si no se acompaña de una comunicación clara, educación electoral continua y un esfuerzo por recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Para que la BUP en Argentina cumpla su potencial, es fundamental que el Estado invierta en campañas accesibles para todos, especialmente en zonas con menor escolaridad o acceso a la información. Además, se debe garantizar que el sistema sea simple y confiable, para que el electorado no tenga dudas sobre cómo votar ni sobre la integridad del conteo. La transparencia en cada paso del proceso, desde la impresión de boletas hasta la fiscalización del recuento, será clave para que la gente sienta que su voto realmente cuenta. En definitiva, la experiencia regional muestra que la modernización del sistema electoral debe ir de la mano con el fortalecimiento institucional y la educación cívica. Solo así se podrá revertir la desconfianza y la apatía, logrando una participación electoral más amplia y una democracia más sólida en Argentina.
Conclusión
La implementación de la Boleta Única de Papel (BUP) en Argentina marca un avance histórico y sumamente necesario para fortalecer la democracia, transparencia y la equidad en nuestro sistema electoral. Después de años de convivir con un sistema fragmentado y vulnerable, donde el robo o la falta de boletas en el cuarto oscuro eran problemas frecuentes, la sanción de esta ley 27.781 representa un gran logro. Este alcance no solo es técnico o legislativo, sino que simboliza la capacidad de los partidos políticos de ponerse de acuerdo y anteponer el interés democrático por encima de sus diferencias. Por eso, debemos agradecer este consenso, ya que el Estado será el único responsable de imprimir y distribuir las boletas, garantizando un proceso más justo, claro y confiable para todos los ciudadanos.
Sin embargo, no podemos dejar de lado los desafíos que este cambio implica para todos quienes participamos activamente en la democracia: desde los votantes hasta las autoridades encargadas de cada urna, quienes tendrán la responsabilidad de velar por el correcto desarrollo del proceso electoral. La adaptación a la BUP requerirá capacitaciones sólidas, comprensión de los nuevos procedimientos y una actitud abierta para superar resistencias al cambio. Solo así la reforma podrá transformar efectivamente la experiencia electoral y contribuir a aumentar la confianza ciudadana.
Al comparar la adopción de la Boleta Única en Argentina con otros países de América Latina, vemos que, aunque no somos los primeros, nos alineamos con una tendencia regional hacia sistemas electorales más transparentes y accesibles. Uruguay y Chile, por ejemplo, han implementado versiones de boleta única con resultados positivos, logrando mayor rapidez en el escrutinio y menor posibilidad de fraude. Por otro lado, países como Brasil y México utilizan el voto electrónico, enfrentando otros desafíos relacionados con la seguridad tecnológica y la necesidad de auditorías físicas. Incluso en Estados Unidos, donde prevalece un sistema mixto con boletas impresas y escrutinio manual y electrónico, la participación electoral sigue siendo baja, lo que evidencia que la forma de votar es solo una parte del desafío.
Este panorama nos invita a reflexionar que la baja participación electoral que observamos en Argentina y Latinoamérica no se soluciona únicamente con cambios en el formato de la boleta. Es imprescindible fortalecer la educación cívica, mejorar la claridad institucional y promover un vínculo más estrecho entre los ciudadanos y sus representantes. La Boleta Única de Papel es un paso decisivo en esta dirección, pero su éxito dependerá del compromiso constante de toda la sociedad para cuidar y profundizar nuestra democracia.



