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Tecnología auditable para fortalecer la confianza electoral: lecciones de Bosnia para América Latina

La tecnología electoral diseñada e implementada con criterios técnicos y abierta al escrutinio puede ayudar a recuperar la confianza en el voto.

En síntesis

  • América Latina sigue creyendo en el voto, pero desconfía de quienes lo organizan y cuentan; eso convierte la integridad del conteo en un blanco político.
  • La tecnología sólo genera confianza cuando es específica, sofisticada y, sobre todo, auditable por terceros.
  • Brasil, Colombia y Honduras ilustran tres trayectorias: auditoría institucional sin papel, trazabilidad documental en papel y una transmisión fallida que arrastró la credibilidad del proceso.
  • Bosnia y Herzegovina estrenó en 2026 un modelo híbrido —biometría, escáner óptico y papeleta— en el que el conteo manual sigue siendo oficial y el electrónico funciona como control cruzado.
  • La tecnología no produce confianza por sí sola: produce evidencia.

El 4 de octubre de 2026, Bosnia y Herzegovina votó por primera vez con identificación biométrica de electores y escáneres ópticos de papeletas en todas sus mesas. Ese mismo día, en Brasil, 158,7 millones de electores estaban convocados a votar mediante un sistema de votación electrónica que el país utiliza desde hace 30 años. Cuatro meses antes, Colombia había elegido presidente entre acusaciones de fraude lanzadas desde la propia Casa de Nariño. Y diez meses antes, Honduras había vivido semanas de incertidumbre tras el colapso de su sistema de resultados preliminares.

Cuatro países, cuatro realidades y una misma cuestión: ¿puede la tecnología devolver a la ciudadanía la certeza de que su voto se cuenta tal como lo emitió? La respuesta corta es que sí, pero no cualquier tecnología ni de cualquier manera. Este artículo recorre la crisis de confianza que atraviesa la región, compara las experiencias de Brasil, Colombia y Honduras y examina en detalle el caso bosnio, con sus alcances y sus límites.

Una región que cree en votar, pero desconfía de quienes cuentan

América Latina sigue creyendo en las elecciones, pero desconfía cada vez más de las instituciones que las organizan y de lo que viene después. El Informe Latinobarómetro 2026, con trabajo de campo en mayo y junio en 17 países, sitúa el apoyo a la democracia en un 52%, el mismo nivel registrado en 2024. Aunque representa una recuperación frente al 48% de 2023, sigue lejos del 65% de los años noventa.

La paradoja está en los detalles. Un 74% de los latinoamericanos afirma que sin elecciones no hay democracia: el voto sigue siendo el único mecanismo indiscutido para transferir el poder. Al mismo tiempo, el 52% dice que no le importaría un gobierno no democrático si resolviera los problemas, el 76% no se siente representado por su parlamento y solo el 15% confía en los partidos políticos. Apenas el 26% cree que el Estado ha hecho algo por él y su familia en los últimos tres años.

El resultado es una legitimidad de origen todavía sólida y una legitimidad de ejercicio en franco deterioro. La ciudadanía usa el sufragio de forma pragmática, como herramienta de castigo y alternancia antes que como gesto de identificación ideológica. Eso convierte a la elección en la última válvula de seguridad del sistema.

Precisamente por eso, la integridad del conteo se ha vuelto un blanco político. Cuando el voto es la única herramienta que la gente siente que todavía funciona, sembrar dudas sobre el conteo es una forma eficaz de deslegitimar a quien gana. Las narrativas de fraude ya no vienen solo de perdedores marginales: en la región las han impulsado presidentes en ejercicio, partidos de gobierno y candidatos competitivos. Ante ese escenario, la confianza no puede descansar únicamente en la reputación de los órganos electorales; necesita evidencias verificables por cualquiera.

Qué tecnología genera confianza: específica, sofisticada y auditable

La tecnología solo construye confianza cuando ataca un riesgo concreto, demuestra que funciona bien bajo presión y puede ser verificada por terceros. Ninguna de esas tres condiciones basta por sí sola.

Específica. Cada herramienta debe responder a una vulnerabilidad identificada del proceso: la suplantación de identidad se combate en la mesa con biometría; la manipulación del escrutinio, con lectura automática de las boletas y digitalización de actas; la opacidad en la transmisión, con publicación inmediata y verificable. Incorporar tecnología «porque sí» multiplica los puntos de falla sin cerrar ninguno.

Sofisticada. No en el sentido de compleja, sino de robusta: diseñada para operar en zonas sin conectividad, ser fácil de utilizar por los funcionarios de mesa sin requerir capacitaciones exhaustivas y contar con planes de contingencia claros. Además, debe facilitar la identificación y resolución rápida de incidentes, minimizando las interrupciones del proceso electoral. La sofisticación está en anticipar los problemas y facilitar su solución, no en la cantidad de dispositivos.

Auditable. Es la condición decisiva. La tecnología debe poder inspeccionarse antes y después de la elección; los resultados, contrastarse mesa por mesa; y es ideal que exista un respaldo físico, como la papeleta, que permita realizar recuentos cuando sea necesario. Una tecnología que exige confiar en sus resultados, incluso cuando ha sido auditada por especialistas, puede alimentar las narrativas de fraude. En cambio, una tecnología que pone evidencia verificable a disposición de los partidos políticos, los observadores y demás participantes del proceso electoral permite comprobar los resultados de manera independiente y fortalecer la confianza.

Esta última condición explica por qué los modelos híbridos, que combinan papel y lectura electrónica, pueden tener una ventaja en contextos de alta desconfianza. El ciudadano vota como siempre, la máquina acelera y documenta, y la papeleta queda como prueba material que cualquier tribunal o partido puede revisar.

Tres espejos latinoamericanos: Brasil, Colombia y Honduras

La región ofrece tres trayectorias distintas: un sistema electrónico maduro que se defiende con auditorías, un sistema en papel que se blinda con trazabilidad y un despliegue tecnológico que naufragó en la transmisión.

PaísTecnología principalMecanismo de verificaciónLección
BrasilUrna electrónica de registro directo (DRE) y biometría dactilarPruebas públicas de seguridad, inspección del código fuente, boletines de urna publicadosEn ausencia de respaldo en papel, la confianza se apoya en la solidez institucional del Tribunal Superior Electoral, la transparencia del sistema y la rigurosidad de sus auditorías
ColombiaVoto en papel, biometría facial y dactilar, digitalización de actas E-14Doble conteo (preconteo y escrutinio) con software distinto, actas publicadas, testigosLa trazabilidad pública permite responder acusaciones con evidencia
HondurasBiometría en mesa y sistema de resultados preliminares (TREP)Transmisión preliminar y escrutinio posteriorLas fallas en la transmisión de resultados preliminares pueden prolongar durante días la incertidumbre sobre el desenlace de una elección y afectar negativamente la credibilidad en el organismo electoral

Brasil: tres décadas de votación electrónica y auditorías

Brasil es el caso más avanzado de automatización en la región y, a la vez, el que mejor ilustra el límite de la confianza sin papel. Para las elecciones de 2026, el Tribunal Superior Electoral (TSE) desplegó 563.900 urnas electrónicas para 158,7 millones de electores, y la identificación biométrica cubre a la gran mayoría del padrón.

El sistema es rápido y no ha mostrado evidencias de fraude en tres décadas. Pero desde 2018 ha sido objeto de campañas sistemáticas de desinformación. La respuesta del TSE ha sido abrir el sistema: en la Prueba Pública de Seguridad de diciembre de 2025, especialistas externos ejecutaron 29 ataques; el tribunal reportó cuatro hallazgos aislados, ninguno capaz de comprometer el secreto del voto o el resultado.

La experiencia brasileña demuestra que la confianza en un sistema de votación electrónica se construye mediante instituciones electorales sólidas, auditorías rigurosas y mecanismos de transparencia que permitan a los partidos políticos y a la ciudadanía verificar los resultados. También ilustra la importancia de comunicar estos mecanismos de manera clara y accesible para responder a las narrativas de desinformación.

Colombia: papel, actas públicas y doble conteo

Colombia muestra cómo un sistema en papel puede volverse más auditable con tecnología específica. Para 2026, la Registraduría incorporó biometría facial y dactilar y la publicación digital de unas 370.000 actas E-14. Cada acta se llena a mano en tres copias firmadas por seis jurados sorteados; una se transmite, otra se escanea y publica, y la tercera viaja con las papeletas bajo cadena de custodia.

El diseño fue puesto a prueba en la campaña presidencial. El presidente Gustavo Petro denunció que el software había sido alterado para sumar 800.000 cédulas. El registrador Hernán Penagos respondió que los sistemas de preconteo y escrutinio no trabajan con cédulas, que usan programas distintos auditados por separado y que la diferencia histórica entre ambos conteos ronda el 0,1%. Hubo testigos de partido en el 96% de las mesas.

El episodio también dejó una advertencia: Petro reclamó la restitución del sello de tiempo y el código hash de las actas publicadas, controles que permiten probar que un documento no fue modificado. Más allá de la intencionalidad política de la denuncia, el reclamo ilustra que cada mecanismo de verificación que se retira deja un espacio que la sospecha ocupa.

Honduras: cuando la transmisión arrastra todo lo demás

Honduras es la advertencia más reciente de que la tecnología mal implementada puede agravar la desconfianza que pretendía resolver. En las elecciones del 30 de noviembre de 2025, el Consejo Nacional Electoral (CNE) aplicó verificación biométrica en la gran mayoría de los centros de votación, con un balance positivo de acuerdo a misiones de observación como la de la Unión Europea. Sin embargo, el TREP se suspendió con apenas el 57% de las actas cargadas, y el 2 de diciembre el propio CNE reconoció fallas técnicas atribuibles a la empresa contratada.

Lo que siguió fueron semanas de incertidumbre en un país con un CNE dividido internamente. En este contexto, el conteo paralelo del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) certificado por Transparencia Electoral brindó certidumbre ante el vacío de información oficial.

El 24 de diciembre, el organismo declaró ganador a Nasry Asfura por unos 27.000 votos sobre Salvador Nasralla, quien no reconoció el resultado. La misión de la OEA concluyó que el resultado reflejaba la voluntad ciudadana. Aun así, la prolongada incertidumbre afectó la confianza en el proceso electoral. Las dificultades de conectividad en zonas rurales, las deficiencias logísticas, las fallas del sistema de resultados preliminares y los cuestionamientos a su proveedor impidieron que los avances logrados en la identificación biométrica de los electores se tradujeran en una mayor confianza en la elección en su conjunto.

Bosnia y Herzegovina: el modelo híbrido puesto a prueba

Al otro lado del mundo, las elecciones de Bosnia y Herzegovina son hoy un ensayo muy completo de cómo una tecnología específica y auditable puede atacar las vulnerabilidades históricas de un sistema electoral, y también de cómo una implementación apresurada puede limitar sus beneficios. Sus elecciones generales del 4 de octubre de 2026 fueron las primeras con identificación biométrica y escáneres ópticos en todas las mesas del país.

El punto de partida: un país fragmentado y una mesa bajo sospecha

Bosnia y Herzegovina comparte con varios países latinoamericanos un rasgo central: la desconfianza no se concentra solo en la autoridad nacional, sino en la mesa de votación. La misión de evaluación de la OSCE/ODIHR registró una confianza particularmente baja en los comités de mesa por irregularidades en procesos anteriores, incluida la elección presidencial anticipada de la República Srpska en 2025. Suplantación de electores fallecidos o emigrados, voto múltiple, anulación deliberada de votos válidos y alteración de actas eran denuncias recurrentes.

La reforma no surgió de un consenso político interno. En marzo de 2024, el Alto Representante Internacional impuso enmiendas a la ley electoral que introdujeron los escáneres y la biometría a escala nacional. Antes hubo pilotos en 2024: biometría en las 138 mesas del distrito de Brčko, con un 96% de autenticaciones exitosas, y escáneres en 145 mesas de siete municipios.

El diseño: votar en papel, verificar en digital

El modelo bosnio es híbrido y su lógica es sencilla: el elector vota como siempre, pero cada paso crítico deja una huella verificable. Tras los proyectos piloto realizados en 2024 con apoyo de la Unión Europea, la Comisión Electoral Central (CIK) adquirió 6.000 escáneres ópticos y 6.000 dispositivos de identificación biométrica para su implementación nacional en las elecciones de 2026.

  1. El elector se autentica con su huella dactilar en la mesa.
  2. Marca a mano su papeleta, rellenando el círculo junto a su opción.
  3. Introduce la papeleta en el escáner, que captura y almacena una imagen digital de ese voto.
  4. La papeleta cae en la urna y se conserva como respaldo físico.
  5. Al cierre, el conteo del escáner sirve como resultado preliminar; el acta oficial surge del conteo manual.
  6. Tras el cierre de las mesas, las actas y los materiales electorales siguen los procedimientos establecidos de entrega, consolidación y verificación. La CIK supervisa el proceso y puede ordenar revisiones o recuentos en el Centro Principal de Conteo cuando se cumplen las condiciones previstas en los protocolos electorales.

Este último punto es clave y suele pasarse por alto: en Bosnia y Herzegovina, el conteo electrónico no reemplaza al manual, sino que proporciona un mecanismo adicional de verificación. El proceso se centra en contrastar las actas de resultados generadas por los escáneres con las elaboradas durante el conteo manual. Cuando se detectan discrepancias, éstas se examinan conforme a los procedimientos establecidos y, cuando corresponde, se ordenan revisiones o recuentos.

Lo que la tecnología puede cerrar

Según Dario Jovanović, de la coalición de sociedad civil Pod Lupom, el sistema implementado en Bosnia y Herzegovina cierra tres puertas al fraude:

Suplantación y voto múltiple. La autenticación biométrica fortalece la verificación de identidad y reduce significativamente las oportunidades de votar en nombre de otra persona, incluidos electores fallecidos o ausentes, así como de emitir votos múltiples.

Manipulación posterior de papeletas. Como cada voto queda registrado al ser escaneado, rellenar papeletas en blanco después del cierre, añadir marcas para anular votos o alterar los paquetes en custodia produce discrepancias detectables.

Error y sesgo en el escrutinio. La lectura automática reduce la anulación maliciosa de votos válidos y los errores de transcripción en las actas.

Un beneficio menos visible: por primera vez, la autenticación generó datos de participación desagregados por sexo y edad. Y en el terreno de los resultados, los observadores internacionales encontraron solo discrepancias menores entre el conteo manual y el electrónico en las mesas observadas: el mecanismo de control cruzado cumplió su papel.

La rapidez en la disponibilidad de los resultados también fue uno de los avances más visibles. Según la coalición Pod Lupom, en el 98,4% de las mesas observadas los resultados electrónicos se transmitieron antes de comenzar el conteo manual. Además, los escáneres generaron los reportes consolidados de resultados en el 99,2% de las mesas observadas. Estos indicadores muestran que fue posible acelerar la entrega de resultados preliminares manteniendo el conteo manual como mecanismo independiente de verificación.

Los límites: lo que la tecnología no resolvió

La declaración preliminar de la OSCE/ODIHR fue clara: las nuevas tecnologías «podrían contribuir a construir confianza, pero el proceso necesita ser más transparente». Los límites observados son tan instructivos como los logros.

Calendario comprimido. El presupuesto estuvo bloqueado hasta que el Alto Representante intervino; los fondos llegaron en febrero, el contrato se firmó el 18 de mayo y los equipos llegaron con apenas anticipación. El tiempo para pruebas, capacitación y educación cívica fue muy limitado, y en 14 de 143 municipios no se pudieron realizar simulacros.

Incidentes operativos durante la jornada. La implementación de las nuevas tecnologías registró dificultades técnicas que provocaron retrasos en la apertura e interrupciones temporales en algunas mesas. Sin embargo, los datos de observación ofrecen una perspectiva más amplia: según la coalición Pod Lupom, los dispositivos biométricos y los escáneres estaban preparados antes de la apertura en el 99,5% de las mesas observadas. Aunque se registraron incidentes, hasta las 11 de la mañana no se había abandonado el uso de los escáneres en el 99,9% de las mesas observadas ni el de los dispositivos biométricos en el 99,4%. Estos resultados muestran que, pese a las dificultades iniciales, las nuevas tecnologías continuaron utilizándose en prácticamente todas las mesas supervisadas por la organización.

Secreto del voto y procedimientos. Una parte significativa de las mesas observadas recibió evaluación negativa, sobre todo por fallas en el secreto del voto. Además, en una de cada cinco mesas observadas hubo omisiones procedimentales importantes durante el conteo, con miembros que entendían poco los nuevos procedimientos.

Capacidad institucional. La secretaría de la CIK opera con unos 60 funcionarios, aproximadamente un tercio de lo que necesita.

Ciberseguridad y marco legal. El país no tiene estrategia nacional de ciberseguridad y su equipo de respuesta a incidentes (CERT) no está operativo. La ley, además, regula de forma insuficiente el uso de estas tecnologías.

Polarización. En la República Srpska, la dirigencia del SNSD cuestionó el impacto de las tecnologías en la integridad del proceso, y hubo preocupación por la lectura de huellas de electores mayores. La participación fue de alrededor del 42%, la más baja registrada en unas elecciones generales. Sin embargo, la coalición independiente de observación Pod Lupom destacó que la introducción de las nuevas tecnologías contribuyó a fortalecer la confianza en el proceso electoral y no dio lugar a cuestionamientos de los resultados por el uso de estas herramientas. Pese a las críticas y controversias puntuales, esta valoración representa un contraste importante con elecciones anteriores, marcadas por disputas sobre la integridad de los resultados.

El balance es matizado. La tecnología cumplió su función más importante: generar evidencia verificable de que el voto se contó bien. Ese aporte se fortalece cuando va acompañado de instituciones sólidas, procedimientos claros y una comunicación transparente. Como advirtió el embajador de la UE, Luigi Soreca: «Las elecciones libres y justas dependen de mucho más que la tecnología». Y como subrayó el presidente de la CIK, Jovan Kalaba, la tecnología no sustituye el apego estricto a la legalidad ni la autonomía técnica frente a las presiones políticas.

Lecciones para América Latina

La experiencia bosnia, leída junto a las de Brasil, Colombia y Honduras, deja claro que la tecnología no produce confianza por sí sola, produce evidencia; la confianza llega cuando esa evidencia es accesible, comprensible y verificable por actores que no dependen del órgano electoral. De ahí se desprenden cinco recomendaciones.

  1. Conservar el papel como respaldo. Los esquemas híbridos, donde el cómputo automático está vinculado a una papeleta física, permiten resolver impugnaciones mediante recuentos públicos y responder a las preocupaciones sobre la transparencia del sistema. En Bosnia y Herzegovina, al tratarse de la primera implementación nacional de estas tecnologías, se mantuvo el conteo manual como oficial y se incorporó el electrónico como mecanismo complementario de verificación, con el objetivo de fortalecer progresivamente la confianza en el nuevo sistema.
  2. Implementar con tiempo y experiencia comprobada. Bosnia y Honduras muestran que los plazos comprimidos pueden traducirse en capacitación deficiente, fallas técnicas y vacíos informativos. La experiencia demostrada de los proveedores en proyectos electorales de escala comparable es fundamental. Ningún sistema debería debutar a escala nacional sin pilotos, simulacros completos, pruebas de rendimiento, capacitación adecuada y auditorías externas realizadas con suficiente antelación.
  3. Garantizar la robustez de los sistemas de transmisión. La experiencia de Honduras demuestra que la conectividad es solo una parte del desafío. El software de resultados preliminares también debe estar preparado para recibir, procesar y publicar grandes volúmenes de información simultáneamente. Para ello, son indispensables las pruebas de carga a escala nacional, los protocolos de contingencia y una comunicación clara sobre el alcance y las limitaciones de los resultados preliminares. Las fallas en estos sistemas pueden prolongar la incertidumbre electoral durante días o incluso semanas.
  4. Abrir el código y los datos. Inspección del software por partidos, academia y técnicos independientes; publicación de actas mesa por mesa; y controles como el sello de tiempo y el hash, que permiten a cualquiera comprobar que un documento no fue alterado. Cada control retirado es un argumento regalado a quien quiere sembrar dudas.
  5. Invertir en las personas y las instituciones. Jurados capacitados, autoridades electorales con personal suficiente y autonomía real, marcos legales que regulen el uso de la tecnología y una sociedad civil con capacidad de observación técnica. Sin esto, la mejor máquina falla en manos inexpertas o se vuelve sospechosa en manos dependientes.

En una región donde el voto se ha convertido en la principal herramienta de rendición de cuentas, garantizar que cada voto se cuente exactamente como fue emitido no es un asunto técnico: es una condición de estabilidad democrática. La tecnología puede ser una gran aliada en esa tarea, siempre que se la elija para resolver problemas concretos, se la implemente con rigor y, sobre todo, se la someta al escrutinio de todos.

Las opiniones expresadas en este artículo son a título personal y no representan necesariamente la posición de las instituciones con las que el autor está vinculado.

Jesús Delgado Valery
Director de Programas de Transparencia Electoral y docente en la Universidad Internacional de La Rioja – UNIR (España). Fue docente en la Universidad del Desarrollo (Chile) y consultor del Departamento para la Cooperación y Observación Electoral de la OEA. Magíster en Estudios Electorales (UNSAM, Argentina) e internacionalista (UCV, Venezuela).
Ha integrado el equipo organizador de más de 80 misiones de observación electoral en 13 países y ha diseñado programas de formación para autoridades electorales en alianza con la Universidad de Salamanca y Florida International University. Coordinó Eleições pelo Mundo (Almedina Brasil, 2026) y es columnista de Diálogo Político y Latinoamérica21.

Fuentes

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