Cuba: protesta estudiantil sin precedentes y nuevos frentes de oposición al Castrismo.

Felipe Galli
El pasado 30 de mayo, ETECSA, la única empresa habilitada para proveer internet en Cuba, anunció un tarifazo que implicaba un tope de 360 CUP por recarga nacional (alrededor de 1 USD) y la promoción de planes en divisas extranjeras, virtualmente inaccesibles para la mayoría de los ciudadanos. Esta medida, además de aumentar considerablemente el ya visible descontento contra el régimen comunista que gobierna la isla desde 1959, desató reacciones sin precedentes en el ámbito universitario, y condujeron a las organizaciones estudiantiles afines al mismo régimen a emitir críticas y ejecutar acciones de fuerza nunca antes vistas desde el triunfo de la Revolución Cubana.
Durante las primeras semanas de junio, en varias facultades de distintas universidades de Cuba, capítulos de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), la única organización legalmente habilitada para representar al estudiantado, emitieron varios comunicados criticando la medida y (ante la negativa del régimen a revertirla) declararon el primer paro estudiantil desde la época de Fulgencio Batista (dictador predecesor al castrismo). Más allá de la rápida supresión y silenciamiento del movimiento por parte del régimen, así como de las purgas en las autoridades superiores de la entidad, este impactante evento sin precedentes dejó mucho para analizar y repasar en cuanto a sus causas, su desarrollo y las perspectivas a futuro.
En estos últimos cuatro años mucho se ha escrito sobre el persistente colapso que vive Cuba en todos los ámbitos de su vida social, política y económica en lo que parece ser una segura pero prolongada agonía del castrismo. También se ha escrito mucho sobre la introducción generalizada del internet hace poco menos de diez años y cómo este ha contribuido al fortalecimiento de las voces disidentes en la isla, a pesar de las restricciones que enfrenta y de la constante represión.
Desde la brutal supresión del estallido del 11 de julio de 2021, las protestas bajo la forma de cacerolazos nocturnos (enfocada a los prolongados apagones que se volvieron cada vez más recurrentes durante la última década) se han convertido en la mayor demostración pública de descontento, pero carente de liderazgo. El último líder de un ente opositor importante, José Daniel Ferrer, excarcelado a principios de año tras una negociación entre el régimen y la administración Biden, volvió a prisión a fines de abril tras liderar una cruzada solidaria en Santiago de Cuba entregando comida y atención médica a ciudadanos desfavorecidos. El objetivo del régimen ha sido descabezar cualquier potencial articulación del descontento cada vez más difícil de controlar. Las crisis energéticas exacerbadas por los colapsos del sistema eléctrico no han ayudado para nada.
El desierto panorama para la expresión política acompaña el constante desangramiento del capital político, económico e infraestructural del régimen gobernante. Buena parte del sostén discursivo del régimen deriva de una retórica de “plaza sitiada” (frente a Estados Unidos y el embargo comercial) y la necesidad de representar un bloque unido, por lo que cualquier disenso dentro del aparato castrista es no solo reprimido sino fuertemente silenciado. Aún así, en años recientes los sorpresivos “movimientos de cuadros” (como se llama a los cambios abruptos de titulares de cargos, purgas o deserciones) se han generalizado. Desde gobernadores provinciales destituidos con acusaciones de corrupción hasta la emigración de cargos municipales. Hace un año el mismo Ministro de Economía, Alejandro Gil, era purgado en el marco de la aplicación de un impopular paquete de ajuste a una economía asfixiada más por su prácticamente total improductividad (a pesar del aporte de numerosos socios donantes internacionales) y el desplome del turismo tras la pandemia que por las consecuencias del supuesto “bloqueo”.
Es muy necesario tener todo esto en cuenta para pasar a analizar, punto a punto, lo que representa el paro estudiantil cubano. Procederemos con el origen del problema, los actores involucrados y las perspectivas de cara a posibles desarrollos futuros.
El origen: De las divisas al tarifazo de ETECSA
En años recientes, el principal problema que afronta la administración de Miguel Díaz-Canel es la falta de divisas extranjeras, en particular dólares. Hasta ahora, además de la crucial industria turística, una fuente importantísima de estas divisas han sido las remesas enviadas por la abultada diáspora cubana, asentada mayormente en los Estados Unidos, a sus familiares que siguen en la isla.
Tras haberlos en su día expulsado del país al grito de “no los queremos, no los necesitamos”, hoy por hoy el régimen ve depositada en la diáspora su única fuente continua de dólares, sobre todo con el estallido de la actual crisis migratoria. Se estima que sólo en los últimos cinco años más de un millón de cubanos han dejado la isla, convirtiendo a Cuba en el único país del hemisferio occidental con decrecimiento poblacional neto luego de varias décadas de estancamiento (reclamó por veinte años tener once millones de habitantes, y ahora las estimaciones rondan en algo menos de diez millones). Esto ha generado que prácticamente la totalidad de los cubanos tengan, por lo menos, un pariente en el exterior.
El régimen no ha escatimado en estratagemas para captar las remesas, controlando estrictamente su ingreso al país y buscando nuevas modalidades (ya fuera por vía del ámbito público o desde la infiltración de empresas privadas en Estados Unidos) para atraer estas divisas. Desde hacía un tiempo se venía discutiendo el negocio de los datos móviles como una nueva opción.
La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA), de carácter estatal, es el único ente que puede proveer internet en la isla. El servicio de internet en el país es particularmente malo. La Speedtest Global Index lo etiquetó en su informe de 2024 como el internet más lento del mundo. En 2025 lo situó segundo por arriba del de Siria (recién salida de un convulso cambio de régimen en guerra civil) y aún por debajo del de Afganistán (controlado por el régimen islamista no reconocido de los talibanes). Por este servicio, comparable al de una zona de guerra, ETECSA cobraba para mayo de 2023 una suma en principio cara, de 1.5 dólares por un paquete de 8 GB (un 25% del salario mínimo de un cubano). Las recargas en datos móviles desde el exterior por parte de los cubanos emigrados (para ellos relativamente baratas) era una fuente de ingresos para el régimen. No obstante, la devaluación reciente del peso cubano y el congelamiento de precios por parte del régimen condujeron a que fuera cada vez más barato pagar las recargas en pesos.
El tarifazo anunciado por ETECSA el 30 de mayo, en palabras de los mismos funcionarios del régimen, tiene como fin “captar divisas extranjeras”, lo que puede fácilmente traducirse como volver imposible para el cubano de a pie pagar un paquete de datos móviles en pesos y forzar una situación en la que las recargas sean accesibles sólo para los que tienen familiares en el exterior. La imposición de un tope de 360 pesos (un dólar) a la cantidad de datos mensuales a precio asequible prácticamente liquidan la posibilidad de que los cubanos hagan una recarga útil, pues los paquetes más caros y con mayor duración parten de precios como 10 dólares, hoy por hoy el doble del salario mínimo de un cubano.
Era esperable que una medida de este calibre, que por obvias razones el régimen no podía permitirse no implementar, desatara críticas incluso en el propio seno de las entidades estatales, tanto por motivaciones prácticas (todos se ven afectados) como ideológicas.
La protesta estudiantil
Apenas anunciada la medida, el malestar se coló en el espacio menos esperado: el medio oficialista Cubadebate, que recibió más de 1.300 comentarios en pocas horas, la mayoría críticos. Pero lo más significativo ocurrió en las universidades. Entre el 31 de mayo y el 9 de junio, los capítulos de la FEU en más de una decena de facultades de la Universidad de La Habana y otras instituciones se manifestaron públicamente contra las nuevas tarifas. Facultades como Psicología, Comunicación, Filosofía e Historia, MATCOM, Química, InSTEC, ISRI y la CUJAE publicaron comunicados que rompieron con décadas de sumisión institucional.
La mayoría de los comunicados protestaron en nombre del derecho a estudiar, informarse y comunicarse, así como en señalar la contradicción ideológica entre nacionalismo y dolarización, y solidaridad socialista con restringir un derecho con fin de lucro. Aunque la mayoría de los comunicados exhibían un tono tibio y apegado a la retórica del régimen, se trató de un evento sin ningún precedente en sesenta y seis años de gobierno castrista.
A pesar de la conmoción general por la reacción pública de una entidad oficial, el 1 de junio el régimen organizó una comparecencia por parte de la directiva de ETECSA en la que reafirmó su decisión de ejecutar la medida en su totalidad, amparándose en “la necesidad” de captar divisas extranjeras. Si bien se declaró la intención de convocar a un “foro multidisciplinario” para discutir las medidas con los representantes estudiantiles, los capítulos rebeldes de la FEU no se contentaron. Las propuestas por parte del oficialismo para entregar un beneficio adicional a los mismos estudiantes fueron incluso tomadas como un insulto.
La Facultad de Matemática y Computación (MATCOM) fue la primera en declarar, de cara al 4 de junio, la no concurrencia a clases hasta que se levantara la medida. Más de una veintena de facultades hicieron lo propio en los siguientes días, a lo que se sumó el apoyo público de algunos claustros docentes. Frente a este accionar, toca preguntarse. ¿Por qué una entidad oficialista pudo manifestar semejante disenso públicamente?
Fundada en 1922, la Federación Estudiantil Universitaria o FEU es una de las organizaciones universitarias más antiguas de Latinoamérica y supo ser en su día uno de los movimientos estudiantiles más vocales del continente. Jugó un papel importante en el triunfo de la Revolución Cubana contra el régimen de Fulgencio Batista. El régimen sucesor de Fidel Castro tomó nota de la capacidad simbólica y movilizadora del estudiantado cubano. La dirigencia de la FEU fue rápidamente sometida y la entidad cooptada por la dictadura. Hoy por hoy es una de las llamadas “organizaciones de masas” que ejercen como aparatos de control totalitario del régimen comunista, mientras que las universidades cubanas (uno de los emblemas del e laureado entramado educativo del castrismo), son uno de los estamentos más vigilados del país.
Si bien el régimen busca que la FEU esté dominada por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), brazo juvenil del Partido Comunista, lo cierto es que su control sólo ha sido absoluto en la cúpula superior de la entidad. Los consejos de la FEU en sus capítulos inferiores, existiendo uno para cada provincia y luego uno para cada facultad, en general suelen estar controlados por estudiantes comunes y corrientes elegidos directamente. Si bien estos procesos electorales suelen estar controlados, no es raro que estudiantes independientes sean electos. Esto ha incidido también en que las facultades tengan una fuerte presencia militar: el control por medio del aparato civil es muy inferior.
El asunto rápidamente escaló muy por encima del problema de los datos móviles. Algunos de los comunicados exhibían un tono abiertamente crítico con la situación del país. Destaca el publicado por la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología (FHS), que rezaba: “Esto ya no es solo por internet. Es por la patria que nos prometieron y nos siguen negando”.
Los motivos para esta sorpresiva rebelión se explican en dos cosas. Primero, el estudiantado cubano es con diferencia uno de los segmentos de la sociedad más golpeados por la medida de ETECSA, al ser un sector particularmente dependiente de los datos móviles para su desempeño académico y esparcimiento personal. En segundo lugar, buena parte del (debilitado) aparato juvenil del castrismo contiene sus últimos elementos de auténtico apoyo ideológico. En varios de los comunicados se llegó a cuestionar la medida como “sacada de un manual de Javier Milei más que de uno de Lenin”. En pocas palabras, se explotó la contradicción ideológica de la medida para poder cuestionar sin cruzar las barreras comunicacionales de la dictadura.
La respuesta del régimen fue una mezcla de contención institucional, silenciamiento político y gestos simbólicos sin efecto real. Lejos de revertir la medida, las autoridades intentaron canalizar el descontento con reuniones selectivas, la creación de un grupo de trabajo conjunto con estudiantes y el anuncio de un paquete de datos “extra” exclusivo para universitarios, medida que fue rechazada por su carácter excluyente.
Las cúpulas nacionales de la FEU y de la UJC guardaron un silencio calculado, mientras el gobierno evitaba cualquier pronunciamiento público directo y visible por parte de altos funcionarios. Esto solo provocó un disparo en el rechazo público a las autoridades centrales, con comunicados de capítulos de la FEU llamando a la dimisión de sus autoridades nacionales por negarse a representar eficazmente sus demandas. En paralelo, se desplegaron tácticas de vigilancia, advertencias y represalias discretas en algunas universidades, como la CUJAE, donde estudiantes denunciaron presiones e intentos de intimidación. Aunque no hubo una represión abierta como en otros episodios anteriores, la estrategia fue clara: evitar que la protesta escalara o se articulara con otros focos de descontento social.
A pesar de la sorpresiva novedad representada por el paro estudiantil, no existen reportes de cuanta adhesión tuvo entre los estudiantes y este concluyó de forma gradual y sin confrontación abierta entre el 8 y el 9 de junio, cuando los capítulos de la FEU que habían impulsado las medidas anunciaron su levantamiento tras mantener reuniones con autoridades universitarias y funcionarios del Ministerio de Educación Superior. No se obtuvo una reversión de las tarifas y solamente se ofreció como concesión la creación de un grupo de trabajo conjunto entre ETECSA, especialistas universitarios y representantes estudiantiles para revisar el esquema tarifario, lo cual fue objeto de profundas críticas por los mismos estudiantes.
La reacción del activismo y la cobertura limitada
El activismo “tradicional” cubano (término con el que, a falta de uno mejor, hemos de referirnos a los activistas opositores en el país y en el exilio) reaccionó al amague de paro estudiantil y a los comunicados de los capítulos de la FEU de forma ambivalente, lenta y un tanto escéptica. No es para menos. Los divididos grupos de activismo se ven constantemente afectados por distintos focos de división: desde la desconfianza mutua y las acusaciones de colusión o infiltración por parte del régimen, hasta sectarismos ideológicos, diferencias territoriales-regionales o incluso la fronterización entre los activistas “de adentro” y los del exilio. Con este panorama, es incluso comprensible que fuera difícil confiar en comunicados surgidos de una entidad oficial (es decir, de una organización integrante del aparato del régimen mismo) como lo es la FEU.
Tras hacerse públicos los primeros comunicados que critican el tarifazo, la reacción inicial fue casi unánimemente escéptica y se consideraba que pudo tratarse de un caso de “disenso controlado”. Es decir, un montaje por parte del régimen para canalizar el descontento dentro de su propio seno y luego ejecutar la misma medida impopular con algunas supuestas concesiones basadas en el reclamo “tibio” de las instituciones oficiales. Era algo que ya había ocurrido a menor escala, si bien no existía un precedente de tal magnitud. No obstante, luego de que el régimen se atrincheró en su posición de que no atenuaría la medida (por no poder hacerlo) y después de que los grupos estudiantiles endurecieron el tono, el panorama cambió y se comenzó a hacer llamados a la movilización a favor del estudiantado cubano.
El régimen desplegó su poder represivo para detener a algunos activistas dentro de la isla o bien para intimidarlos con el fin de impedir que se presentaran en las sedes universitarias a intentar llamar a mayores protestas o acompañar el reclamo públicamente. No obstante, solo se reportaron algunas detenciones. Los primeros días de junio vieron un aumento de la difusión de videos sobre las reuniones de la FEU y los discursos de estudiantes particulares, a partir sobre todo de los grupos de activismo en redes sociales.
Aún así, una buena parte del activismo digital cubano, que viene sufriendo los embates no solo de la represión, sino de la pérdida de activos económicos y espacios de difusión en los últimos meses por las políticas de Donald Trump hacia la ayuda exterior y los recortes de la USAID, continuó exhibiendo una actitud relativamente “pasiva” ante la protesta estudiantil, sobre todo por las diferencias ideológicas y las dudas de algunos sectores sobre su eficacia para combatir al régimen. Buena parte de la difusión de los sucesos al exterior provino de cuentas particulares (destacó la intervención del influencer Cristhian González de la Moneda, alias “San Memero”, exiliado tras el 11J y hoy radicado en Miami).
Existió también una creencia arraigada de que la protesta era exclusivamente por el aumento de los datos móviles, a pesar de que muchos de los comunicados de la FEU (incluso con su tono oficial), citaban específicamente lo contrario.
Perspectivas a futuro, ¿hacia dónde va Cuba?
La protesta universitaria de junio de 2025 no cambió el rumbo del país ni quebró la estructura del poder, pero sí dejó expuesta una verdad innegable: la fractura entre el régimen cubano y su población es ya demasiado visible para ser contenida solo con silencio o represión, y ya empieza a manifestarse en círculos vinculados al mismo aparato del poder.
Frente a esto, nos queda un panorama oscuro para los próximos meses. En las siguientes semanas, comenzarán a agotarse los paquetes de datos móviles adquiridos durante mayo. Los cubanos empezarán entonces a experimentar directamente los efectos de la política anunciada. En simultáneo empieza julio, caluroso mes de verano cuyo clima jugó un papel central en el ánimo social en el momento del estallido de 2021. De acuerdo con estudios recientes, el internet es esencialmente una adicción cuyo abrupta limitación puede devenir en síntomas de abstinencia. Así, una masiva restricción al internet prolongada en el tiempo y sin fin evidente puede provocar un efecto el doble de explosivo en la sociedad cubana que los apagones y la escasez generalizada, al arrebatarles uno de los pocos esparcimientos en momentos de crisis.
Por su parte, el régimen no tiene medios para dar marcha atrás con la medida pero, conociendo sus antecedentes como en el manejo de la todavía presente crisis energética, es muy probable que intente paliar el descontento aplicándola de manera parcializada, recurriendo a algún tipo de fraude o corrupción del sistema o incluso intentando disminuir su impacto con “trampas” en la provisión de los datos móviles. Si es así, tal y como la misma directiva de ETECSA lo ha advertido, la falta de recursos económicos podría provocar un colapso del sistema de telecomunicaciones cubano, causando no solo el mismo problema sino ya dejándolo fuera del alcance del control del castrismo.
Es en esas circunstancias que la isla más grande del Caribe afronta otro año perdido en el que el régimen castrista, en su día ícono del antiimperialismo, batalla por reorganizar una economía devastada desmontando su propia épica revolucionaria. Si bien es muy pronto para hacer conjeturas, Cuba va (quizás lentamente) hacia un punto de inflexión, del que puede no tener retorno.