La infraestructura de la desinformación: cómo se producen y distribuyen las narrativas falsas en el entorno digital

Por la Escuela de Capacitación en Elecciones y Democracia (ECED) de Transparencia Electoral


La desinformación electoral no es un fenómeno espontáneo. Detrás de cada narrativa falsa que circula en el ecosistema digital existe una infraestructura —tecnológica, comunicacional y económica— que la produce, la amplifica y la sostiene. Comprender esta infraestructura es indispensable para quienes trabajan en la defensa de la integridad electoral.

Más allá de las redes sociales: el ecosistema completo de la desinformación

Una de las primeras confusiones conceptuales que es necesario despejar es la identificación entre desinformación y redes sociales. En el uso cotidiano, tendemos a equiparar «medios sociales» con «redes sociales», pero técnicamente las redes sociales son solo una de las múltiples expresiones del entorno digital donde la información —y la desinformación— circula.

El ecosistema completo incluye plataformas de construcción colaborativa de conocimiento como Wikipedia, plataformas de alojamiento de video como YouTube y TikTok, servicios de streaming, aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp y Telegram, foros y comunidades como Reddit, motores de búsqueda y, más recientemente, entornos de inteligencia artificial generativa. Cada uno de estos espacios tiene características propias que influyen en cómo se genera y propaga la desinformación.

Los formatos de la desinformación

La desinformación adopta formas diversas, algunas evidentes y otras considerablemente más sutiles:

  • Textos simples y compuestos: artículos, publicaciones y mensajes de texto, con o sin imágenes o videos adjuntos.
  • Elementos paratextuales: subtítulos engañosos, miniaturas fabricadas que preceden a un video con contenido diferente al anunciado.
  • Formatos efímeros: narrativas difundidas en stories o estados de WhatsApp, diseñadas para desaparecer antes de que puedan ser verificadas.
  • Documentos falsificados: la creación de PDFs, capturas de pantalla, informes, estudios o sentencias judiciales falsas es una de las modalidades más peligrosas, dado el nivel de credibilidad que los documentos formales suelen generar.
  • Encuestas falsas: con la ayuda de la inteligencia artificial generativa, es posible construir sondeos de opinión con muestras, cuestionarios y metodologías aparentemente válidas que son completamente fabricados. Un estudio del Dartmouth College demostró que bots generados con IA superaron en casi el 100% de los casos los controles de atención de encuestas de opinión pública sobre elecciones presidenciales en Estados Unidos. En algunos casos, bastaron entre diez y cincuenta y dos respuestas falsas para invertir los resultados de una encuesta legítima.
  • Manipulación de metadatos: en las elecciones estadounidenses de 2020 circuló un video que mostraba la quema de papeletas electorales. El material era auténtico, pero había sido extraído de su contexto original: se trataba de la destrucción de papeletas de prueba. Para dificultar la verificación, la inteligencia artificial fue utilizada para borrar los metadatos que habrían permitido identificar la fecha de grabación.

La economía de la desinformación

La desinformación persiste porque existe una matriz de incentivos que la sostiene. Estos incentivos no son exclusivamente financieros, aunque ese componente existe y es relevante. Entre los principales motores se encuentran:

  • Incentivos financieros: la desinformación genera tráfico, y el tráfico genera ingresos publicitarios. Existen actores que producen contenido falso de manera sistemática con fines económicos.
  • Objetivos ideológicos: grupos con agendas específicas —no necesariamente partidistas— utilizan la desinformación para reforzar sus posiciones. Los movimientos antivacunas, por ejemplo, tienen motivaciones ideológicas que no se reducen a intereses políticos en sentido estricto.
  • Incentivos geopolíticos: las operaciones de interferencia electoral extranjera constituyen un fenómeno documentado, en el que actores estatales o paraestatales utilizan la desinformación como instrumento de política exterior.
  • Motivaciones identitarias y psicológicas: la desinformación también se propaga porque refuerza creencias preexistentes, genera sentido de pertenencia grupal y activa mecanismos emocionales profundos.

El rol de la infraestructura tecnológica

Un aspecto frecuentemente subestimado es que la desinformación no solo se distribuye a través de plataformas digitales, sino que en ocasiones utiliza activamente la infraestructura tecnológica de internet. Durante las elecciones estadounidenses de 2016, numerosos sitios de desinformación emplearon servicios de CDN (redes de distribución de contenido) para aumentar la velocidad de carga de sus páginas y protegerlas contra intentos de bloqueo. No se trataba solo de publicar contenido falso, sino de hacerlo más rápido, más resistente y más difícil de neutralizar.

La manipulación de páginas de Wikipedia durante ciclos electorales en Estados Unidos, Reino Unido, India y Brasil —incluyendo ediciones realizadas desde IPs oficiales de parlamentos— ilustra hasta qué punto esta infraestructura puede ser instrumentalizada.

Implicaciones para la observación y la gobernanza electoral

La sofisticación de esta infraestructura plantea desafíos concretos para los organismos electorales y los observadores. La verificación de hechos, siendo necesaria, resulta insuficiente cuando los formatos efímeros desaparecen antes de poder ser verificados, cuando los metadatos han sido manipulados o cuando las encuestas falsas circulan con apariencia de legitimidad científica.

Una respuesta institucional eficaz requiere combinar capacidad técnica para analizar el ecosistema digital, marcos normativos actualizados que contemplen las nuevas modalidades de desinformación, y cooperación con plataformas tecnológicas. La comprensión de la infraestructura de la desinformación es el primer paso para diseñar estrategias de mitigación que estén a la altura de la amenaza.


Este artículo fue elaborado a partir de los contenidos del curso «Inteligencia Artificial, Gobernanza Electoral y Desinformación», dictado por Frederico Franco Alvim en la Escuela de Capacitación en Elecciones y Democracia (ECED) de Transparencia Electoral.

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