De las campañas de calle a la inteligencia artificial: cómo la tecnología transformó las elecciones

La historia de las elecciones y la historia de las tecnologías de la información son, en esencia, la misma historia. Cada vez que una nueva tecnología disruptiva aparece en el escenario social, los procesos sensibles como las elecciones se transforman con ella. Este vínculo no es casual: las campañas electorales son, en su núcleo, un esfuerzo de comunicación masiva, y su evolución ha seguido de manera sistemática la evolución de los medios disponibles para llegar a los ciudadanos.

La era premoderna: elecciones sin tecnología de masas

En el origen de las democracias liberales —mediados del siglo XIX e inicios del XX— las elecciones transcurrían en un entorno de información extremadamente limitado. Las campañas se realizaban en las calles, en plazas y asambleas locales. Los periódicos existían, pero su circulación era restringida y su impacto electoral, marginal. En América Latina, este contexto se veía agravado por altas tasas de analfabetismo y sistemas de sufragio censitario que excluían a la mayoría de la población.

En este escenario, los órganos electorales tenían una misión relativamente acotada: combatir los fraudes más evidentes —adulteración de actas, presiones clientelistas, manipulación de papeletas— y garantizar un mínimo de orden en el proceso. Los desafíos eran de naturaleza física y local.

La irrupción de los medios analógicos: radio y televisión

La llegada de la radio en las décadas de 1920 y 1930 —y de la televisión en los años 40 y 50 en América Latina— marcó el inicio de una nueva era. Por primera vez, era posible llegar simultáneamente a millones de ciudadanos con un mismo mensaje. Las campañas electorales se profesionalizaron, incorporaron asesores de comunicación y comenzaron a orientarse hacia la imagen pública de los candidatos.

Este período también transformó las responsabilidades de los organismos electorales. La preocupación central pasó a ser la equidad en el acceso a los medios: garantizar que todos los candidatos tuvieran condiciones mínimas de competencia en los espacios de comunicación masiva. La regulación del tiempo en pantalla y el financiamiento de campaña se convirtieron en cuestiones centrales del derecho electoral.

La llegada de Internet y la tecnopolítica

Internet comenzó a popularizarse en la década de 1990, pero sus efectos sobre las elecciones tardaron aproximadamente una década en manifestarse con fuerza. Recién a mediados de los años 2000 puede hablarse con propiedad del surgimiento de la tecnopolítica: la articulación entre tecnología digital y acción política organizada.

Esta primera fase de la tecnopolítica fue, en términos comparativos, relativamente incipiente. Las redes sociales comenzaban a consolidarse, los sitios web de campaña eran una novedad y la comunicación digital todavía era unidireccional en gran medida. Sin embargo, abrió el camino a una transformación mucho más profunda.

La era de las campañas algorítmicas e inteligentes

Aproximadamente desde 2013-2014, el escenario electoral ingresó en su fase más compleja. La combinación de redes sociales maduras, grandes volúmenes de datos personales disponibles y el desarrollo de la inteligencia artificial dio origen a lo que algunos analistas denominan campañas inteligentes o campañas algorítmicas.

En esta etapa, los desafíos para los organismos electorales se multiplicaron de manera significativa:

  • La equidad algorítmica: los algoritmos que controlan el flujo de información en plataformas digitales tienen una influencia determinante sobre qué mensajes ven los ciudadanos y cuáles no. La ausencia de neutralidad político-partidista en este campo genera nuevas patologías electorales difíciles de detectar y sancionar.
  • La protección de datos personales: el uso de datos de los ciudadanos para segmentar y personalizar mensajes electorales plantea serias preguntas sobre legalidad, transparencia y consentimiento.
  • La integridad del entorno informativo: la multiplicación de voces en el ecosistema digital, sin filtros de calidad, ha incrementado los niveles de desinformación, polarización y negacionismo electoral.
  • La inteligencia artificial generativa: la llegada de modelos de lenguaje de gran escala ha añadido una nueva dimensión de riesgo, con la posibilidad de generar contenido falso —imágenes, videos, encuestas, documentos— de manera automatizada y a gran escala.

Implicaciones para la gobernanza electoral

Esta evolución histórica tiene implicaciones directas para quienes trabajan en la administración y observación electoral. Los marcos normativos tradicionales, diseñados para un entorno de medios analógicos, resultan insuficientes ante los desafíos del ecosistema digital actual. La regulación de algoritmos, la auditoría de plataformas tecnológicas y la alfabetización mediática de la ciudadanía se han convertido en componentes indispensables de cualquier estrategia de integridad electoral contemporánea.

Comprender este recorrido histórico no es un ejercicio académico: es una condición necesaria para anticipar los desafíos que se avecinan y diseñar respuestas institucionales adecuadas.


Este artículo fue elaborado a partir de los contenidos del curso «Inteligencia Artificial, Gobernanza Electoral y Desinformación», dictado por Frederico Franco Alvim en la Escuela de Capacitación en Elecciones y Democracia (ECED) de Transparencia Electoral.

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