Para aquellos apasionados por la democracia y la participación ciudadana, será interesante explorar los siguientes dos conceptos: el acompañamiento cívico y la observación electoral. Ambos son importantes en un contexto de elecciones para fortalecer la transparencia y la participación.
En primer lugar, podemos definir al acompañamiento cívico como un conjunto de actividades llevadas adelante por organizaciones o entidades de la sociedad civil y por los ciudadanos. Puede involucrar diversas iniciativas que busquen promover la participación ciudadana y el acompañamiento a lo largo de la jornada electoral, por ejemplo, observando que no haya irregularidades o colaborando con las autoridades.
En el caso argentino, la figura de acompañamiento cívico aparece en la Acordada CNE N° 128/2011 de la Cámara Nacional Electoral, donde se permite a las organizaciones de la sociedad civil ”efectuar un seguimiento puntual del acto electoral, el que comprenderá la búsqueda y obtención completa y exacta de información, y su análisis imparcial y profesional para la extracción de conclusiones”[1]. Se refiere específicamente al seguimiento del proceso electoral pero no excluye otras actividades participativas con la finalidad de coadyuvar en la jornada. Por ejemplo, guiar a las personas dentro del establecimiento o derivarlas con las autoridades si tienen consultas.
Por otro lado, la observación electoral es una disciplina técnica del derecho electoral. Está enfocada específicamente en el monitoreo de los procesos que se llevan adelante el día de la elección, con el objetivo de impedir el fraude y fortalecer la confianza pública, así como para realizar informes que sean de utilidad para continuar con la consolidación del proceso democrático. Esta vigilia en la jornada electoral generalmente es realizada por partidos independientes u
organizaciones no gubernamentales.
Las Naciones Unidas cuentan con una Declaración de Principios para la Observación Internacional de Elecciones (2005) donde se declara que esta práctica ”evalúa el período preelectoral, el día de las elecciones y el período postelectoral mediante una observación completa y a largo plazo, utilizando diversas técnicas”[2] con la finalidad de ”brindar recomendaciones para mejorar la integridad y la eficacia del proceso electoral”. Con esta Declaración se expresa el
interés de la comunidad internacional por esta labor, resaltando que únicamente interesa el proceso y no el resultado de la elección, por lo cual es fundamental que sea llevada a cabo de forma imparcial en relación con los candidatos políticos
nacionales.
Esta práctica tiene un alto grado de consolidación en América Latina, ya que es una de las herramientas que se han desarrollado en respuesta a la histórica problemática del continente: los continuos quiebres y fraudes en los procesos electorales. Se encuentra legitimada en numerosos acuerdos e incluso por el código electoral de varios países. Por ejemplo, encontramos las misiones de observación electoral como figura en la legislación de Bolivia, Perú, Ecuador y
Costa Rica. Mientras que en Colombia, Paraguay, Venezuela, Honduras y Argentina está permitida por medio de acuerdos y convenios. En Argentina, la Ciudad Autónoma de la Ciudad de Buenos Aires fue el primer distrito del país en
incorporar la observación electoral en su legislación.
Mapa de qué países cuentan con OE en su normativa en el Cono Sur [3]

Transparencia Electoral ha realizado un índice de la situación de la observación electoral en América Latina que abarca el período 2016-2021 [4]. La conclusión es que la observación electoral en la región aún tiene un camino por recorrer, ya que presenta déficits en las variables analizadas. Por ejemplo, más del 30% de los países no cuenta con la figura de la observación electoral en su legislación, algunos incluso presentan barreras para este tipo de prácticas de monitoreo o no aplican una metodología deseable.
Sin embargo, lo positivo es que el 68% de los países cuentan con algún tipo de observación electoral (internacional y/o nacional). Lo cual, se afirma en el estudio que es ”una oportunidad para la institucionalización de la observación electoral”.
En definitiva, cuando pensamos en los elementos que no deben faltar en la checklist del fortalecimiento de la democracia estamos hablando del acompañamiento cívico y de la observación electoral. El primero es fundamental ya que apunta a una participación activa de la ciudadanía y permite lograr, mediante diferentes actividades, un incentivo por colaborar en los procesos electorales, haciendo más accesible y transparente el sistema democrático. Mientras que el segundo es esencial para preservar la integridad de los procesos electorales y fortalecer la confianza de la ciudadanía.
[1] https://www.electoral.gob.ar/nuevo_legislacion/pdf/ac128-11.pdf
[2] https://www.ndi.org/sites/default/files/DoP-SPA.pdf
[3] https://buenosaires.gob.ar/atlas-de-reglas-electorales/observacion-electoral
[4]https://transparenciaelectoral.org/tableau/indice-de-observacion-de-electoral-de-america-latina/
